Nuevamente, un hecho, tan trágico como absurdo vuelve a sumir en el luto a la profesión médica nacional: la prematura desaparición de un joven estudiante de medicina, que en su afán de cumplir con brindar los nobles auxilios de la ciencia médica a los infectados con peste bubónica en el Hospital Regional Docente de Trujillo, se vio el mismo infectado… ¿por qué tuvo que suceder algo así?, ¿y en pleno siglo XXI?, ¿en una economía considerada como una de las más prósperas de la región?
La muerte del estudiante de medicina, Félix Ugaz León, no hace sino que sus colegas de profesión, que hoy lamentamos su pérdida, tengamos una visión mucho más sombría de nuestro futuro, no sólo con respecto a nosotros mismos sino también del resto de nuestros compatriotas. En realidad, con la demagógica política de salud aplicada por el actual gobierno sólo nos queda pedir a Dios que no sigamos teniendo más mártires de la medicina y por causa de una enfermedad que se supone desarraigada de la mayor parte de los países, aún en subdesarrollo.
No es este el único episodio que tenemos que lamentar, ya anteriormente otros profesionales médicos se han visto afectados por esta lamentable falta de compromiso social de este gobierno hacia la población; actualmente hay colegas nuestros que sobreviven penosamente a enfermedades como la tuberculosis, la cual adquirieron trabajando sin las debidas medidas de bioseguridad, en hospitales carentes de equipamiento e infraestructura.
Hoy más que nunca, mientras honramos la memoria de este joven estudiante de medicina, muerto gloriosamente mientras asistía a los enfermos de peste bubónica con los auxilios de la noble ciencia médica, exigimos al gobierno se sirva instaurar con un Sistema Único de Salud a nuestro país, un sistema solidario y democrático y que seda en sus intentos de hacer de la salud una mercancía, despojando así de un legítimo derecho a los más desposeídos y aún a nosotros, los profesionales de salud, que trabajamos sin las más elementales normas de seguridad.